El Ser y el No Ser
- Mente Urbana

- 23 abr 2025
- 2 Min. de lectura
Gabriel Francisco
El 23 de abril de 2025, a las 10:30 de la mañana, la Maestra Isabel ofreció un taller profundamente revelador en J. J. Herrera número 7, Colonia Centro, en la ciudad de Xalapa. Los asistentes fueron guiados a través de una exploración del ser, la conciencia y el poder interior que habita en cada uno.

Desde el inicio, la maestra Isabel recordó una verdad esencial: la vida es lo más importante. No hay nada fuera de ella que valga más, y es en ese reconocimiento donde comienza el verdadero despertar. Habló de la metafísica como el estudio de lo que está más allá de lo físico: sentimientos, arte, filosofía, espiritualidad. Todo eso que no se ve, pero que forma lo que somos.
La educadora explicó que el cuerpo es solo un vehículo; lo que realmente somos es alma y espíritu. En el corazón vive una chispa divina, una partícula de la misma conciencia de Dios. Esa energía sagrada late con fuerza, recordándonos que estamos vivos y que somos parte de algo mucho mayor. “Yo soy la vida, yo soy”, se dijo en el taller como una afirmación de poder, verdad y conexión.

Durante la sesión, se realizó una meditación guiada. Con las manos sobre los muslos y la espalda recta, los asistentes hicieron tres respiraciones profundas y llevaron su atención al corazón. En ese silencio, la profesora Isabel invitó a sentir el latido como una manifestación directa del poder supremo, recorriendo todo el cuerpo como una luz blanca que envolvía desde los pies hasta la cabeza.
Se habló también de soltar culpas, de observar sin juzgar y de reconocer nuestras emociones como parte del camino. La frecuencia interior, esa vibración que surge del ser, es la que nos permite transformar la realidad, y por eso es necesario cuidar lo que pensamos, lo que sentimos y lo que proyectamos.

El taller cerró con una energía suave pero poderosa. Cada persona se llevó una comprensión más clara de sí misma, y una conexión renovada con el misterio sagrado de la vida. Porque como se repitió con fuerza: Dios vive en el corazón del hombre, y recordar eso, es recordar todo.




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